El Samurai de Ayuthaya

“Mantén la mente abierta y absorbe la experiencia. Y aunque duela, es probable que merezca la pena.

Lo único malo es que a todo el mundo se le ocurre lo mismo. Todos viajamos miles de kilómetros sólo para ver la tele y dormir en un sitio tan cómodo como en casa”.

Leo Di Caprio (The Beach)

Otro madrugón más, un gran desayuno en este grandísimo hotel donde la comunicación con el personal femenino de recepción nos resultaba complicada porque su vocalización y tono eran lo más parecido al maullido de un gato. Siempre intentábamos dirigirnos a un hombre ya que nos entendíamos mejor….y más para el check-out. (casi nos cuelan por error una cena de otros de 500 euros).

Una vez aclarado el conflicto nos dispusimos a subir al que sería nuestra herramienta principal para el desplazamiento de un punto a otro, esto es, un microbús.

Merece la pena hacer una pequeña reseña para describir este microbús. Con unas 18 plazas de las cuales ocupábamos 10, un conductor que parecía haber obtenido el carnet hace unas horas antes de comenzar el viaje y que no abrió la boca en todo el viaje, hacerse 1.500 km, a unos 500 km diarios, en tres días, en un cacharro que no pasaba de 90km/h, por autopistas, carreteras convencionales y caminos de cabras…tiene su mérito tal y como es la circulación en este país.

A la media hora de viaje, ya por una autovía, observando todo tipo de vehículos en los que viajaban 3 ó 4 en moto por el arcén en dirección contraria a la marcha, 8 ó 9 ocupantes en furgonetas pequeñas, vehículos cargados como si estuvieran abandonando el país…

Estábamos sentados en los dos primeros asientos de este bus, cuando fijé mi mirada en el frente, mis ojos se abrieron como platos, me agarré al asiento tan fuerte que casi arranco la espumilla. Vi a lo lejos, cómo un trailer gigante que venía por el otro sentido de la carretera, por el otro lado de la mediana, decide cambiar de sentido y aprovechando un hueco que existe entre las dos vías, realiza un cambio de dirección sin frenar, sin miedo, sin mirar…

…Esto produjo un frenazo en todos los carriles (esos de olor a goma quemada, de los que te saltan los empastes). La situación era; un trailer bloqueado en medio de 4 carriles, todo el tráfico detenido, ningún accidente, ni heridos, ni quejas y tras un p’atrás y p’alante el camión realiza la maniobra y toda la circulación se reanuda sin un solo toque de claxon. Flipando nos quedamos. (Al parecer está permitido este tipo de giros,eso pasa en Madrid y hay reparto de ostias una semana).

Paramos poco antes de nuestro primer destino, era una pequeñita población en la que estuvimos paseando y haciendo algunas fotos a todo lo que nos encontrábamos y es que todo resulta tan distinto e interesante…

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La veneración y el respeto hacía los monjes es enorme en todo el territorio. Nos encontramos en un templo en el que un lateral estaba lleno de figuras y un poco más adelante con un grupo de seguidores junto con un monje que les estaba soltando una chapa en tailandes, todo esto presenciado por un buda dorado enorme.

Por fin llegamos a la parada que tanto estábamos  esperando, a la que era la capital del primer reino tailandés, por lo general llamado Reino de Sukhothai a la ciudad histórica de Sukhothai.

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Entrar en esta ciudad te transporta al antiguo reino de Sukhotai, te sientes como un Samurai en lo que fue un poderoso reino. Tocar, subir y observar de cerca las ruinas destruidas en 1978 por el floreciente Reino de Ayutthaya. Paseamos y pudimos caminar por el interior de estas ruinas, con cierta dificultad por el estado de las mismas pero la sensación es increíble.

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Una maravilla, un recuerdo que quedará grabado en nuestras retinas. Situaciones curiosas como la de un monje dentro de unas ruinas semiescondido hablando por el móvil o la de un altar sin imagen de buda pero que perfectamente podíamos imaginar donde estuvo antaño y en que posición.

Vivir la experiencia de entrar en el templo del Buda blanco de 15 metros de alto con su mano reposando sobre su pierna y al final de los dedos una mujer entonando cánticos y rezos a un grupo de personas que arrodilladas y reclinadas hacia ella respondían a la vez que ella mojaba unas ramas y las sacudía sobre sus cabezas.

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La ciudad Histórica de Sukhothai es sin duda patrimonio de la Humanidad y no solo por lo impresionante de sus construcciones, también por sus gentes, por la magia que los tailandeses crean con su serenidad y su fe.

Continuamos nuestra ruta en nuestro pequeño bus hasta la siguiente parada, Lopburi, la conocida como “Ciudad de los monos”. Visitamos esta pequeña localidad con mucha cautela ya que está plagada de monos, un tanto agresivos o mejor dicho “consentidos”. En el centro existe un pequeño templo en el cual un puñado de encargados/vigilantes están pendientes que no penetren los simios y que no se acerquen demasiado a los visitantes armados con tirachinas.

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Continuamos nuestro camino parando a comer en un lugar maravilloso con todo tipo de manjares de la tierra típicos y tradicionales, como por ejemplo flores rebozadas…muy buenas!!

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Por fin llegamos a nuestro siguiente lugar de descanso. Un hotel boutique, su nombre es Sukhotai Heritage Resort. Este sitio estaba en un enclave idílico, rodeados de campos de arroz llegamos justo al ocaso y vimos como se despedía el sol de nosotros mientras disfrutábamos de un baño en la piscina.

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A la mañana siguiente, de nuevo en ruta, paramos el microbus en el arcen de una carretera estrecha en la que pudimos conversar con unos agricultores que sembraban la planta de arroz en los campos de un terrateniente. Es un trabajo duro, se pasan más de doce horas agachados, en una postura destroza lumbares y metidos en agua que les cubre por la mitad de la pierna sin rechistar y al sol de Tailandia. Con una sonrisa nos saludaron y atendieron a nuestras preguntas sobre su trabajo mientras les sacamos alguna foto.

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Antes de llegar a Chiang Mai, nuestro próximo destino y donde nos esperaba un hotelito boutique, como diría papuchi:(aqui poned voz del padre de Julio Iglesias) “maravillosisimo” hicimos una parada en un lugar también obligado.

El Templo Blanco o Wat Rong khun, es un templo contemporáneo que empezó a construirse en 1997 y que será terminado en el 2070 apróximadamente. Lo más parecido a la Sagrada Familia en España. Mereció la pena visitar este impresionante templo totalmente distinto a lo visto hasta ahora.

La noche se nos echó encima y llegamos a Chiang Rai justo a la hora de cenar. Salimos del hotel dispuestos a buscar un restaurante, pero el ambiente de tiendas, un mercadillo nocturno y puestos como si de una galería comercial se tratase nos desviaron de nuestro objetivo.

Nuestros pies o el camino nos llevaron hasta un puesto en el que servían apetitosos manjares todos expuestos allí como si de una pescadería con su producto bien iluminado y colocado se tratase.

Decidimos después de cierta duda hacer un pedido de una bandejita variadita en la que pudiéramos probar algunos de esas delicatessen que estábamos apunto de degustar.

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Nos pedimos una bandeja de grillos y gusanos variados para introducirnos en el mundo gourmet del bichito. La verdad, no sabía tan mal como esperábamos, aunque la sensación en boca no es agradable y realmente tampoco tienen mucho sabor.

Una vez cargados de las proteínas que nos proporcionaron los insectos, de un descanso reparador en el hotel y de un buen desayuno nos pusimos en marcha en un día que sería de los mejores desde que comenzamos esta ruta de 1.500 km desde Bangkok.

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Pasamos por unos poblados del norte tradicionales de los indígenas en los que como en un mercadillo o decorado de televisión tienen ahí trabajando a las gentes durante horas para que vendan y se ganen la vida.

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Desde ahí nuestra ruta pasó por el Triangulo de Oro, lugar importante donde se unen Tailandia, Birmania y Laos y en el que antaño se comerciaba con opio. Aquí le hicieron un museo que, aunque yo no le encontré mucho sentido está bien visitar. Cambiamos un ratito de pais y nos cruzamos a Laos a un pequeño poblado que está justo enfrente y que en el podrás pasear y comprar falsificaciones más baratas aún aunque de peor calidad además de botellas con penes de tigre y cobras en licor.

DSCN1016Unos cuantos cientos de kilómetros después llegamos a un lugar al que yo particularmente tenía muchas ganas de ir. Era un campamento de adiestramiento y cuidado de Elefantes, de maravillosos, enormes e increíbles animales que viven en semi-cautividad.

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Vimos como les bañaban en el río, pudimo dar un largo paseo por la selva subidos en lo alto (es como estar sentado en el techo de un autobús) darles de comer plátanos y cañas de bambú. Durante las horas del paseo van un poco libres por donde les apetece ir y a veces se complica un poco la cosa cuando se meten por cuestas muy empinadas o en riachuelos para beber un poco de agua.

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Luego comenzó un espectáculo que para mi gusto se podrían ahorrar y es que siento que este imperial animal se humilla un poco realizando según qué actividad.

Como por ejemplo jugar al fútbol, o pintan cuadros con la trompa. Aunque he de reconocer que me dejó pasmado; cómo es posible que un animal dibuje sin ayuda en un lienzo en blanco ya que hay humanos que jamás harían algo así ni con Velázquez de tutor.

 Alucinados por la grandeza de estos animales salimos de ahí en dirección hacia otro lugar que teníamos ganas de ver con nuestros propios ojos.DSCN1041

Nos adentramos en un poblado donde todavía habitan las famosas mujeres jirafa. Tras varios kilómetros recorridos en todoterreno y caminados llegamos a un pueblo pequeño en el que “un tanto expuestas” te vas encontrando a estas mujeres vestidas con sus mejores galas y con los collares que parecen que le alargan el cuello.

Verdaderamente te impresiona ver cómo todavía en el siglo en el que andamos existan este tipo de costumbres y que se vayan pasando de madres a hijas.

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Pudimos charlar, hacernos algunas fotos y comprar algún objeto de madera que tallan y que nos apetecía llevar de vuelta para recordar siempre que en el mundo existen muchos rincones que todavía no hemos visto.

Realmente lo que da la sensación de cuello largo es porque esos collares les bajan las clavículas, ellas se los quitan de vez en cuando para lavarse y cambiarlos por otros nuevos tirando los viejos y desgastados por lo que la leyenda o mito de que si se los quitan se les parte el cuello no es cierta.

Desde aquí ya solo nos quedaba viajar a Chiang Rai y donde pasar la noche y de ahí viajar de nuevo a Bangkok, aunque este viaje lo hicimos ya en avión.DSCN1063

Como no podía ser de otra forma y después de la paliza a kilómetros en esa tartana, llegados a nuestro destino la mejor forma de arreglar el cuerpo es un buen masaje Tailandés donde te hagan crujir las vértebras.

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