The Beach

“Me dije a mí mismo que difundir noticias es parte de la naturaleza del viajero. Pero, si he de ser totalmente sincero, yo era como todos los demás. Aterrado por lo desconocido. Desesperado por llevar un trocito de casa conmigo.”

Leo Di Caprio (The Beach)

Después de tres horas de vuelo desde Chiang Rai a Bangkok, otras dos de espera de transbordo, cogimos el siguiente vuelo de dos horas para llegar así a Krabi, nuestro primer destino del sur.

Cuando digo Krabi, me refiero a una localidad cercana costera, ya que Krabi no tiene playa al ser de interior. El hotel en el que nos alojamos, Tubkaak Krabi Boutique Resort, era espectacular, un verdadero paraíso camuflado en la naturaleza, con unas excelentes instalaciones, con todos los detalles que esperas y deseas tener.

Con una playa enorme, aunque no de las mejores pero con un fondo maravilloso de película. De esos que te pones en el escritorio de tu ordenador,  donde te imaginas a James Bond en su lancha, perseguido por los malos, pasando por riscos y montañas estrechas que parecen estacas clavadas en el mar como si hubiesen sido lanzadas desde el cielo. Al fondo entre la bruma temprana te parece ver “La Perla Negra” y a su capitán Jack Sparrow navegando con sumo cuidado para no encallar.

Relax, detalles, cuidados del magnífico personal del Hotel que buscan satisfacer al cliente y cubrir sus necesidades. Allá por donde vas, cualquier rincón tiene un detalle.

Unos de los mejores atardeceres que he tenido el privilegio de disfrutar en un paisaje de película y recuerdos que quedarán para siempre en mi mente.

Tras unos días en el que pensamos sería la mejor estancia de nuestro viaje por Tailandia, hicimos las maletas y emprendimos rumbo a las Islas Phi Phi. Estas islas están localizadas al sur de Tailandia en el mar de Andaman. Más concretamente nos dirigimos a Ko Phi Phi, esta isla quedó totalmente devastada por el Tsunami que arrasó todas las infraestructuras y que aún se conserva algún mural en homenaje y recuerdo a las victimas.

Para llegar hasta el siguiente hotel fueron dos horas en ferry desde Krabí, realizando una parada en el medio del mar para recoger mochileros que realizaban transbordo desde otras pequeñas embarcaciones.

Al llegar a Ko Phi Phi nos estaban esperando para llevarnos al nuevo destino…otro viaje de más de 40 minutos en una barca estrecha y alargada con un motor de coche sujeto a esta del que salía un palo empalmado a otro y en el que al final de este había atada una hélice. Sofisticada tecnología naútica y con pinta de ser muy contaminante por los residuos que se observaban por debajo del motor al final de la barca.

El siguiente lugar era un lugar increíble, un hotel absolutamente integrado en la flora silvestre, habitaciones casi camufladas con la naturaleza, la ducha exterior rodeado de plantas, con una playa y un color del agua que no puedo explicar…

Para nosotros este lugar era un remanso de paz, lujo, naturaleza y mar todo ello recogido en una pequeñísima isla a casi 14.000 km de nuestra casa. La sensación de estar en la otra orilla del mundo te hace ver lo grande que es el mundo, tener una visión más global de la vida en este planeta, conocer distintas culturas abriendo la mente a la posibilidad de que lo nuestro quizá no sea lo mejor que conozcamos.

Por fin llegó el día por el que se inició la idea de este viaje, de este país. Queríamos poner los pies en “La playa”, ver ese maravilloso lugar, un rincón del mundo espectacular donde sentirte realmente perdido.

El día anterior conocimos un tipo que tenía servicio de alquiler de aletas, gafas y tubo de snorkel, de lanchas, de rutas…Salimos muy pronto por la mañana, consejo del tipo que nos alquiló la lancha rápida con “chófer”…el motivo era que a partir de las 10 se petaba de chinos…hicimos caso y allí embarcados estábamos a las 7am con sonrisa de expectación, listos para vivir la aventura.

La lancha arrancó a toda velocidad saltando las olas, cruzando el golfo de Tailandia con el mar un poquito picado, con un capitán el cual solo hablaba tailandés  y que podría habernos dejado tirados en la isla o en pleno mar y matarnos, robarnos, echar nuestros cuerpos con una piedra atada al fondo del mar y nadie jamás nos habría encontrado, no nos conocía, no sabíamos nada de él y seguro que ya había cobrado…¡mola!….llegamos a la abertura de rocas de Maya Bay.

Era tal y como lo imaginábamos, cuando llegamos a primera hora no había apenas más de un par de personas por lo que pudimos durante un dos horas disfrutar de la Isla casi para nosotros. Que fuerte! hacía un año que habíamos visto en una película este lugar y ahora estábamos en ese escenario.

Poco a poco fueron llegando las pequeñas embarcaciones con turistas, grupos de amigos realizándose fotos en grupo como en la película, con salto colectivo incluído ¡qué frikis! jajaja..igual que nosotros! por supuesto que no me podía ir sin hacerme la foto del cartel de la peli!! Nos adentramos en la isla para inspeccionarla pero muy poco que ver ya que es tan pequeña que en apenas unos minutos llegas al otro extremo.

Tras las fotos pertinentes, relajación frente a esas vistas y un pequeño aperitivo creímos conveniente marcharnos con el recuerdo bonito ya que comenzaban a llegar barcos llenos de chinos (cuando digo llenos, es que van petados, es decir, van todos de pie como en el metro en hora punta).

El “Capitán” de nuestra lancha nos permitió hacer snorkel durante un par de horas en los alrededores de Maya Bay. Fue impresionante el espectáculo de peces, rocas y corales en el que pudimos bucear mientras miles de peces de todos los colores y tamaños te rodean y picotean.

Fue un día especial y con la sensación de haber cumplido con las expectativas que llevábamos en este viaje y más concretamente en este pequeñísimo rincón del mundo.

Volvimos a nuestro refugio en Kho Phi Phi en el que disfrutamos de un rato más de snorkel a pie de playa, unos manjares del lugar y por la noche nos acostamos repasando las miles de imágenes que en nuestra memoria daban vueltas repasando la jornada tan especial vivida.

DSCN1480

El día siguiente transcurrió sin mucha actividad salvo la que supone estar en un paradisíaco entorno, con aguas turquesa, un servicio maravilloso en un espectacular hotel Zeavola.

Me encanta la sensación de estar perdido, esa que sólo sientes cuando estas solo y muy lejos de casa, de personas conocidas de tu país y que tienes que desenvolverte en otro idioma. Es una sensación de supervivencia, de tener la responsabilidad que dependes única y exclusivamente de ti y de tus capacidades. Me encanta esa inseguridad! esa sensación de no saber qué va a pasar luego ni donde estaré.

Reservamos un “taxi barca” para que nos llevara a la zona central de la isla, el único lugar donde existen puestos hippie, cabañas que se alquilan por noche, puestos de comida, un puesto de tatuajes con un chino o japonés….no sé…con rastas muy parecido a Jack Sparrow en versión asiática.

Hasta aquí llegó nuestro viaje a este formidable país. Después de 40 minutos en lancha rápida, 30 minutos en microbús y 13 horas de vuelo regresamos a casa agotados aunque con unas ganas enormes de volver a vivir la experiencia, con una sola idea en la cabeza, la de cuando podremos volver a visitar Tailandia.

“…En cuanto a mí…sigo creyendo en el paraíso. Sin embargo ahora sé que no se trata de ningún lugar concreto… Lo importante no es a donde vas, sino cómo te sientes en el momento en que llegas a formar parte de algo…y si encuentras ese momento…es para siempre. “

Leo Di Caprio (The Beach)

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